1.-
Recuerdo, gemido por gemido, aquella paja que me hice viendo sus primeras fotos porno, que por cierto las había hecho yo. Y ahora Lea estaba a mis pies, desnuda, abierta, entregada, como pidiendo que me la tirara sin más. Pero no podía pedirme nada, porque además, Lea estaba terriblemente muerta. Había llamado a la policía y antes de que la sala se llenara de comisarios y preguntas, la observé detenidamente. Hacía cerca de un año que no la veía y parecía más joven, había recuperado el color castaño de su pelo y se había vuelto a operar de las tetas, esta vez para tener de nuevo su precioso pecho plano.
No parecía la estrella porno que había llegado a lo más alto, recordaba más bien a aquella chica bastante normalita que me había recomendado Nacho para una sesión de fotos. No es gran cosa, me había dicho, pero es más que las gallinas, me folla a mí, te folla a tí, se folla al lucero del alba, y lo que es más importante, se folla a la cámara. De aquel primer book con el que comenzó su meteórica ascensión, conservo en mi cartera un primer plano de su carita de ángel caído. Había sido el amor de mi vida. Y todavía lo era, sí. Recorrí la habitación para llevarme algo suyo de recuerdo. Me quedé con su reloj. Siempre me había gustado. Claro, se lo había regalado yo. Era un reloj de hombre, bastante grande, a ella le gustaba lucirlo suelto, como una pulsera, a veces se lo colocaba como un brazalete, a veces lo sacaba de la muñeca y jugueteaba con él. Era su talismán Y ahora volvía a ser el mío. Nada más metérmelo en el bolsillo apareció la bofia.
Preguntas. La primera, qué era exactamente esto.
- ¿Esto?
- La habitación, idiota, ¿esto que es?
- Un plató.
- Claro, un plató. No había caído, claro. Es tan grande que se podría rodar la guerra de las galaxias.

- Menos coña, hay películas y películas y para que lo que rodamos aquí, nos basta y nos sobra.
- O sea que aquí hacéis las guarrerías esas que ponen calientes a los viejos. Vaya, vaya. ¿Y la cámara?
- Mírela. Y saqué del bolsillo una mini cámara de video. Esto no es Universal Studios. Aquí todo se hace a mano, jefe. A mano se hace y al final a mano se disfruta.
- Y ahora me dirás tan campante que estabais dale que te pego y cuando te la estaba mamando le dió un infarto. ¿Es esto lo que querías declarar, o le estás echando imaginación y me vas a contar un cuento más divertido?
- Bueno, yo. La verdad es que...
- La verdad es que tú te vas conmigo ahora mismo a la comisaría, y ya veremos lo que haremos de ti.
Antes de salir del plató, miré a Lea. Sin ser una gran belleza había conseguido situarse como pornstar de segunda línea, a base de trabajar mucho, de no hacer asco a nada y de acostarse con el primero o la primera que le diera un empujón hacia arriba.
¿Por qué se había suicidado?
Se me ocurrieron tres o cuatro motivos.
¿Y si en vez de suicidio había sido un asesinato?
Se me ocurrieron entonces decenas de sospechosos.
Entre ellos, por supuesto, estaba yo.
(Continuará)
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